viernes, 11 de diciembre de 2015

El artista que quebró todas las barreras



Pocas veces una pasión moviliza tanto a una persona como para volverla su vida y de eso convertirse en ejemplo de superación personal, profesional y artística.
Adrián Llovera es una de esas personas que ha alcanzado y sigue alcanzando metas, rompiendo barreras y todo gracias a la música.

Dos hermanos caminan a paso acelerado, solo faltan 10 minutos para que arranque la ceremonia y la iglesia espera a las voces masculinas del coro. En ese lugar sagrado para él, Adrián descubriría a su primer gran amor, el canto. Pero al llegar al lugar sucede lo de todos los domingos, Daniel es el elegido para ser solista. Ya desde sus comienzos se le presentaba el primer obstáculo, cantar bajo la sombra de su hermano menor. Lejos de frustrarse, utilizó este impedimento para sentir más ganas de practicar y mejorar.
Así fue como siguió cantando hasta lograr entrar a otro coro que lo cobijó como el único solista varón.

Los caminos entre sus creencias religiosas y la música siguieron entrelazándose en todo lo que hacía y lo sigue haciendo hasta hoy.
Simplemente lo que se propuso lo hizo, sin más. Al terminar la facultad y ya convertido en arquitecto, siguió explotando su lado artístico. Él quería actuar y ¿quién le iba a decir que no? Le llevo mucho tiempo y esfuerzo pero con la ayuda de su gran amigo Arturo Gomez López que conocía desde sus épocas de coro, lograron crear el musical “La historia del milagro” y así concretar un sueño más.
Por esa época fue que emprendió el viaje de escribir sus propias canciones y descubrió así un nuevo mundo dentro de su género predilecto, el Rock.

Una anécdota de las vicisitudes que tuvo que enfrentar nos remonta a un momento clave de su vida artística y que le dejo grandes enseñanzas.
Era un lunes a la tarde de hace más o menos 20 años atrás y estaba en casa revisando unos planos que cubrían prácticamente toda la mesa. Entre la duda de colocar una ventana ancha o una alta sonó el teléfono, Adrián esperaba la llamada de su madre para que fuera a buscarla, pero del otro lado había alguien completamente distinto y con una voz bastante más grave. Era el productor musical de la banda Rata Blanca que había escuchado a al joven cantante tucumano en un recital de “Arte Joven” celebrado en la provincia de Buenos Aires, mas precisamente en Palermo donde había ido a tocar con todo su grupo.
Le dijo que había notado su gran capacidad para llegar a notas muy altas y la potencia de su voz era lo que ellos estaban buscando en ese momento. La noticia lo dejo perplejo ya que empezó a sentir que la decisión no sería fácil de ninguna manera, debería dejar todo para perseguir un destino que podría haber sido completamente distinto.
Las cosas fueron complicadas durante ese proceso, por el tema de las distancias y los tiempos llego a la encrucijada en la que debía decidir. Su familia, con su mujer y su primer hijo pequeño Isaac era lo que más inclinaba la balanza a la hora de quedarse. De esta manera tuvo que escoger lo que para él era lo más importante y decidió quedarse sabiendo que la música no lo dejaría sin importar donde estuviera.

En ningún momento se arrepiente de las decisiones que ha tomado, de hecho piensa que todo lo que le sucede es por algo y que “Dios actúa de maneras misteriosas”. Y sino como explicar el segundo suceso que lo marco para siempre.

El sol calentaba la capital tucumana de una manera tan sofocante como solo puede hacerlo al mediodía. Adrián y su esposa Ana María iban a hacer trámites en el centro. Hacia una semana ya que él no se sentía del todo bien, la comida le caía terriblemente. Fue entonces que mientras caminaban con las boletas en las manos, pequeños dolores punzantes en el estómago  hicieron sentir a aquel hombre como indefenso y con falta de aire. La respiración era rápida pero constante, como si suspirara varias veces seguidas. Los ojos de su mujer transmitían preocupación y desesperación al no saber qué hacer, “¿querés que te lleve al médico?” le dijo, mientras paraba un taxi y lo subía con una mezcla de prisa y cuidado. “No! Llévame al instituto de la Mitre y Santa Fe”, hasta el día de hoy no sabe cómo se le pudo ocurrir tomar esa decisión, ya había asistido a ese instituto cardiológico un mes antes del episodio pero por un problema sin mayores relevancias o complicaciones.

Al llegar ahí le hicieron unos estudios y lo dejaron en revisión, si todo anduviese bien, lo darían de alta. Pero alrededor de las diez de la noche llegaría la peor sensación de su vida, sintió como sus fuerzas dejaban su cuerpo de una manera muy veloz y a su vez un gran peso sobre su pecho como si fueran toneladas, lo comprimieron hasta el desmayo. Cerró los ojos y los médicos acudieron a la alarma, hubo una gran revolución y lo intervinieron de inmediato para colocarle los 5 stent que le darían la posibilidad de sobrevivir.
Suerte, ayuda divina, llámenlo como quieran, pero estoy seguro que a pocos les ha dado un infarto dentro del lugar donde podían salvarlo. Ese 26 de Octubre de 2013, Adrián volvió a nacer. Aunque debería cuidarse y la lógica falta de aire lo relegarían de volver a cantar.

Esto no fue así, tomo una vez más esa traba en su vida como un trampolín para tener muchísimas ganas de vivir por él, por su mujer y sus dos hijos Isaac y Franco.
Estaba feliz aunque tuvo que aprender a canta otra vez, seguía aquí y quería empezar a explotar todas las ganas de hacer cosas que no había podido antes, como pintar.
Encontró de esta manera una nueva forma de expresarse, empezó copiando obras del uno de sus artistas favoritos, Vincent Van Gogh hasta que logró dominar la técnica del posimpresionismo y liberó su imaginación para crear varias obras propias.

De todos los problemas salió con una sonrisa, con mucha música y buen humor. Pudo describir su peor momento de salud con una canción: “Un elefante”, donde compara esa sensación como si un elefante se te hubiese parado encima.

Por ser así, con esta personalidad es un personaje muy entrañable y querido dentro de la cultura musical tucumana y el ejemplo para muchísimos artistas locales que aprecian su trabajo.



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