Jorge Orlando López vistió los colores de tres clubes grandes de la provincia. El destino lo puso al lado Diego Armando Maradona. De Europa a
vender indumentaria deportiva. Pasado y presente del ex futbolista tucumano.
El "Eterno" fue uno de los mejores jugadores en la época del 80´.
Viernes
por la mañana, el sol disputa una especie de partido con las nubes para
quedarse con la posta del clima. La ciudad bandeña como cada día hábil no
descansa, la gente va y viene por avenida Independencia
al 300. Entre la multitud se encuentra Jorge
Orlando López, quien supo vestir las camisetas del Burgos y Sevilla de España,
coreándose con los mejores. Pero también al que Dios le dio su toque mágico y lo puso al lado de un tal Diego Armando Maradona.
Jorge López desde muy pequeño soñaba
con jugar en primera y la vida le dio una oportunidad. A los 12 años por temas
laborales, junto a su familia tuvo que viajar a Buenos Aires. Allí e destino lo cruzó con el bicho de la
paternal: “Cuando llegué
a probarme tuve que esperar porque faltaba para que termine el
torneo".
Francisco Cornejo, técnico de Argentinos Juniors, en eso tiempos lo vio hacer fútbol y lo llamó: "Ese día estaba tan feliz. Sentí que tenía la posibilidad de vivir de esto”, expresa orgulloso López.
La adolescencia de Jorge no fue todo color de rosas. El "avión" que hoy disfruta de su comercio, tuvo barreras que superar. Desde joven aprendió a ganarse el mango en Buenos Aires por la pérdida de su padre: "Mi mamá no quería saber nada con que valla a jugar por miedo a perder el trabajo", comenta Jorge que apostó por el fútbol y debutó con Argentinos Juniors en 1976.
Francisco Cornejo, técnico de Argentinos Juniors, en eso tiempos lo vio hacer fútbol y lo llamó: "Ese día estaba tan feliz. Sentí que tenía la posibilidad de vivir de esto”, expresa orgulloso López.
La adolescencia de Jorge no fue todo color de rosas. El "avión" que hoy disfruta de su comercio, tuvo barreras que superar. Desde joven aprendió a ganarse el mango en Buenos Aires por la pérdida de su padre: "Mi mamá no quería saber nada con que valla a jugar por miedo a perder el trabajo", comenta Jorge que apostó por el fútbol y debutó con Argentinos Juniors en 1976.
Mientras algunos aún no creen en el amor a primera vista, López a través del fútbol conoció a su esposa y se enamoró perdidamente. Como una bendición de Dios, lleva 33 años de casado junto a Margarita y tienen tres hijos: dos mujeres, Nuria y Fabiana y Jorge: "Aún sigo buscando el heredero en la familia", cuenta entre risas el "Eterno".
No todas las personas son tocadas con la "varita mágica", el tucumano oriundo de San Miguel, pudo concretar uno de los sueños que todo jugador quisiera lograr. Europa lo recibió con los brazos abiertos en el Burgos y en el Sevilla de España: "El fútbol me dio la posibilidad de conocer otros países del mundo", recuerda Jorge con nostalgia aquellas épocas doradas en su vida.
López, un laburante chapado a la antigua, guarda un lugar muy especial para su viejo compañero de ataque el Pelusa: "Tuve la suerte y el privilegio de ser uno de los invitados a su casamiento. Con Diego mantuvimos una gran amistad".
Tras siete años de estadía en Europa el "avión", tuvo la chance de volver a Argentina. "No dude en pegar la vuelta. Mis hijos ya estaban grandes y tenían que estudiar", explica el tucumano. Dos frustraciones futbolísticas llevaron a López a querer dejar el fútbol. Sin embargo, la historia tendría otro capítulo más que contar: "En Atlético Concepción me convencieron para no quedarme sin jugar y ascendimos al primer Nacional B de la historia en 1986".
El final de la carrera futbolistica de Lopéz fue algo impensado. Antes de colgar los botines, pasó por Atlético Tucumán, eterno rival del club de Ciudadela: "Algunas veces los hinchas me recuerdan que la única mancha negra que tengo es ponerme la camiseta del Decano". Agradecido con todos los clubes tucumanos donde jugó, Jorge guarda lo mejor de cada uno en este fútbol que le dio todo.
Jorge López escribió una página dorada en el fútbol tucumano. Un grande de todos los tiempos que en nuestra provincia supo enloquecer las tribunas de los tres clubes más importantes del Jardín de la República. El "avión", esta vez se encuentra del otro lado del mostrador, pero seguirá disfrutando del deporte más popular del país eternamente.
No todas las personas son tocadas con la "varita mágica", el tucumano oriundo de San Miguel, pudo concretar uno de los sueños que todo jugador quisiera lograr. Europa lo recibió con los brazos abiertos en el Burgos y en el Sevilla de España: "El fútbol me dio la posibilidad de conocer otros países del mundo", recuerda Jorge con nostalgia aquellas épocas doradas en su vida.
Tras siete años de estadía en Europa el "avión", tuvo la chance de volver a Argentina. "No dude en pegar la vuelta. Mis hijos ya estaban grandes y tenían que estudiar", explica el tucumano. Dos frustraciones futbolísticas llevaron a López a querer dejar el fútbol. Sin embargo, la historia tendría otro capítulo más que contar: "En Atlético Concepción me convencieron para no quedarme sin jugar y ascendimos al primer Nacional B de la historia en 1986".
Cuando todo parecía indicar que la vida y obra
del "Eterno" terminaría en la entidad bandeña, el
"Santo" apareció en el camino. Ascendió con San Martín a primera
división en solo cuatro meses y como frutilla del postre convirtió en la goleada a Boca en la mítica Bombonera: "Es una cosa que va a quedar siempre en la memoria. No era de todos
los domingo que un equipo del interior
le haga seis a Boca".
El final de la carrera futbolistica de Lopéz fue algo impensado. Antes de colgar los botines, pasó por Atlético Tucumán, eterno rival del club de Ciudadela: "Algunas veces los hinchas me recuerdan que la única mancha negra que tengo es ponerme la camiseta del Decano". Agradecido con todos los clubes tucumanos donde jugó, Jorge guarda lo mejor de cada uno en este fútbol que le dio todo.
Las agujas del reloj marcan las 10 y las vidrieras de López calzados lucen con sus ropas deportivas. La niñez del "Eterno" nacido en el sur de la provincia tuvo muchas idas y vueltas. Nació cerca del ingenio la Corona, pegadito a Concepción y desde chico venía a la ciudad con sus padres a visitar a sus abuelos.
Parece que fue ayer cuando López disfrutaba de su pueblo tan querido en el ingenio la Corona: cortar cañas, jugar a la bolita y el fútbol con amigos en la calle; son grandes recuerdos del win en su infancia: "La carpintería de mi abuelo fue mi lugar en el mundo en la niñez", revela el comerciante.


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